Silvia Stephanie Sánchez-Viesca Ortiz

40452946_1557843831027502_274562643459571712_n¿Por qué Silvia Stephanie? Ay ni me digas por qué. Yo realmente le quería poner Jennifer Stephanie. Pero los padrinos y el papá se aferraron que tenía que llevar mi nombre y se aferraron y ni siquiera me dejaron opinar, la verdad. Ella es mi única mujercita. Tengo dos varones mayores que ella. Ella es la pequeña de la casa.

Cuando yo estaba embarazada no sabía si eran hombres o mujeres. Tuvimos que esperar hasta que naciera para saber que era una niña. El hecho de esperarla es una bendición, que Dios nos da a las mujeres ¿no? Yo esperaba un bebe. Fuera niña o fuera niño, es el amor de una madre para los bebés.  

El detalle se dio más con el papá que con la mamá. Porque el papá tiene puros hermanos, en su casa son puros varones, entonces cuando se da cuenta él que es una niña se volvió loco. Porque dice que, si hubieran tenido hermanas, hubiese sido otra historia en su familia. Entonces para él fue lo más grande que le pudo haber sucedido en su vida. Regaló chocolates a medio mundo. A todo el mundo le estuvo dando chocolates. Estaba con una euforia porque tenía una niña, una mujercita. Yo, cuando me enteré, te voy a ser honesta, me dio alegría sí, me dio muchísima alegría, pero al mismo tiempo yo sentía una gran tristeza por ser mujer, porque como mujer, siempre fui asediada, me molestaban, entonces muy adentro de mí no querría una niña. Yo prefería un varoncito, pero bueno Dios me dio esa dicha de tenerla y ay… he sufrido mucho por ella.

Los varones eran tremendos pero la niña era muy seria, mucho, demasiado, yo no sé por qué. Pero… era mucho, demasiado. Muy rara, sí, muy rara. Ella no interactuaba mucho. Ella empezó a crecer y nada más conmigo, conmigo, conmigo. Por ejemplo, un día quería una galleta y me dijo: “Dile a mi papá que si me puede dar una galleta.” O sea, nada más conmigo, conmigo y conmigo. Muy curiosa, muy curioso ese sentido.

Yo pensaba en cómo le haría cuando fuera a entrar al kínder, pero sí, si pudo. Le fue bien en el kínder. Acostumbrada de estar con puros niños en la casa, se juntó con puros niños y jugaba con puros niños. Se adaptó. Gracias a Dios, si se adaptó al kínder.

Los niños la buscaban a ella y a sus hermanos, eran muy populares. Me decía, “Oye mamá, un niño no se puede expresar. Entonces yo quiero ser pediatra. Porque un niño no puede decir cuando le duele o cuando no, y sufren los niños.” Y ella me decía “Yo quiero ser pediatra.” Y yo “¡Estás loca!” Yo le tengo miedo de las inyecciones, a mí me tienen que perseguir por todo el hospital. Lo juro. Entonces yo le decía, no, porque las inyecciones y la sangre y eso. Y le puse un video y se quedó con los ojos así, y ahí viendo el video. “¡No Mamá, no me vas a asustar, no me vas a asustar! ¡Yo quiero ser pediatra!” Ella… eso es lo que me decía, “Un niño no se puede comunicar. ¡Yo quiero ayudar a los niños!” Eso es lo que ella decide, no sé, como interactuaba mucho con los niños… yo creo.

En la primaria no era la alumna súper wow, con dices. Fue una alumna regular. No tenía malas cualificaciones, tenía calificaciones regulares. Pero como te digo, era muy introvertida, demasiado introvertida. No interactuaba mucho. No interactuaba mucho. No salía de casa, no salía. Yo decía a sus hermanos “¡Llévala!”. “¡No mamá!, porque nos va a tener sentados y nosotros queremos bailar” Y yo pues “No, pero tu hermana tiene que salir ¡Llévala!” y no querrían llevarla.

Pero le gustaba mucho dibujar. Le gustaba dibujar y escuchar música. Le encantaba Britney Spears, ya cuando tuvo la edad de decir Britney Spears, le encantaba Britney Spears. Hizo un dibujo de Britney Spears en la pared, muy bonito de hecho. De fiesta de quince años ella no quería. No quiso. ¡Precisamente por lo tímida, dijo “¡No quiero! imagínate yo pasar por el medio de la iglesia y que me vean” Dice no gracias “Y bailar ni sé!”. Y así de verdad, como no sabía bailar, no le gustaba. Entonces dijo “¡Yo no quiero 15 años!”. Pero se entera que va a venir Britney Spears a México “Mamá, si me quieres regalar algo, llévame a ver a Britney Spears” Y dije “Pues, me vas a salir barata, tú”. Fue así… tan caros que salen unos 15 años. Hicimos el esfuerzo para ir a ver a Brines Spears. Me reí todo el día ¡Qué bárbara! Nos tocó allá, hasta el infinito y más allá. Pero le llevé unos binoculares que se le quedaron marcados. Ay bueno, me dio una risa. Pero estaba feliz a pesar de que estaba ahí al final.

Me acuerdo mucho de una plática que tuvimos:

–Oye mamá, me tengo que inscribir en el curso prepa de la uni. En la escuela de medicina, llévame.

–No, no te voy a llevar.

–Pero mamá ¿por qué no me vas a llevar?

–No te voy a llevar hasta que estés grande. Necesitas aprender a vivir porque afuera hay lobos y a usted se le van a comer mija. Usted necesita despertarse, usted necesita salir adelante.

–Mamá no me dejes sola.

–No, no, no vas estar sola mija, siempre voy a estar detrás de ti, pero usted necesita aprender a desenvolverse a ser independiente, porque yo no soy eterna.

Pasaron los días y un día llega toda feliz y con mucha alegría me dice.

–¡Ya fui mama!

–¿A dónde?

–A la escuela de medicina a preguntar, me atendió el doctor Tomas Calvar y me dijo que no había problema. Ya voy a entrar a los cursos.

Ella venia vuelta loca porque lo había hecho y además había hecho este paso sola. Entonces ya tenía, no sé, un mes, dos meses que había ido a eso. Y ella estaba muy, muy contenta había ido sola. Para mí me dio más gusto le dije “No mi hija, usted ya tiene que salir mi hija. Usted ya tiene que aprender andar en la calle.” A ella no le gustaba andar en la calle porque la molestaban demasiado. Ella llamaba mucho la atención. Muchísimo la llamaba. Cuando la llevé con Britney Spears, no sabes, fue una locura, locura, locura, locura. La asediaban, llamaba demasiado la atención. Yo soy morena color de llanta, pero ella no. Ella tiene sus tíos, por parte de mi marido, son güeros de ojos azules y verdes, y yo soy chaparra y ella me agarraba de recargadera. Casi 1,70 de piel blanca no morena como yo. Y tenía un cuerpo muy bonito y eso es lo que más llamaba la atención. Y su carita, pues como es mi hija, que puedo decir yo. Y por eso no le gustaba salir a la calle. No le gustaba ir a la calle porque, me decía “Mamá, me molestan mucho. No me gusta porque estoy creciendo. No me gusta crecer.”

Un día me dijo, estaba platicando y no sé porque yo le dije –¡Y cuando te cases?

–No, no me voy a casar.

–No me vas a dar nietos.

–Sí, mira mamá, existe la inseminación artificial.

–Hija ¿Por qué?

–No me gustan los hombres, porque son muy malos mamá.

Hay una historia que me acuerdo mucho. Nosotros vivíamos frente al gimnasio donde entrenaba el Veneno Rubio, fue un boxeador muy famoso  nivel internacional, y en una ocasión que la acompañé a tomar el camión porque ella no quería salir sola.

– Acompáñame mamá.

–Hija, aquí afuera de la casa pasa el camión, aquí, aquí afuera pasa para que lo tomes. Lo tomas en frente.

–Acompáñame mamá.

Cuando salimos me di cuenta de que todos los del gimnasio dejaban de entrenar por verla y se ponían en hilera para verla, todos los desgraciados incluido el Veneno Rubio, solo por verla. Ella nomás se agachaba y se pone roja, roja, roja, roja.

Uno de los que entrenaba le dijo algunas cosas y ella nada más se agachaba y seguía roja, roja, roja. Pero el Veneno Rubio le contestó al hombre que le había dicho cosas.

–A ella no, a ella la respetas.

Yo me quedé impactada de que este hombre haya dicho eso y pues ella estaba peor que un tomate y ya llegó el camión y se fue. Cuando regresó de la escuela yo le echaba carilla con el Veneno Rubio.

Tenía demasiado carácter porque había muchachos que la pretendían. Y yo ya estaba más gorda que ella. con tantos chocolates que me comía que ella no aceptaba.

–Hija, te trajeron chocolates.

–Devuélvelos.

–Hija, no.

–Devuélvelos mamá.

–Porque hija.

–No, pues porque si las acepto es darles entrada y yo no quiero mamá

–Dios mío, eres un monstruo.

Era demasiado tajante ella. De hecho, un amigo de mis hijos la empezó a pretender. Y ella habló con él.

–No me digas, si quieres seguir con mi amistad no me vayas a decir si yo quiero ser tu novia. Porque te dejo de hablar.

Pero este muchacho no se aguantó y ella le dejó de hablar. Y el muchacho fue llorando conmigo y le digo

–¿Qué tienes Gabo?

–Es que ya no me habla su hija.

–Gabo, te dijo que no le dijeras y tú le dijiste.

–Pero es que no pensé que fuera tan dura y dígale que me hable, aunque sea quiero seguir con su amistad.

–Entonces yo voy con aquella.

–Háblale a Gabo.

–¡No!

–Hija, no seas mala.

–No mamá, ya le había dicho y no entendió.

–Como eres cruel, él no es malo, es un buen muchacho.

–No, deja que pase un año. –Bueno, me di una risa.

–Le estás dando un año sabático.

–Si.

Así era de tajante. Y Gabo, una vez tuve que salir porque no veía a la calle y resulta que, pues puso una manta enorme, de así enorme (unos tres metros), en toda la entrada de la casa. “Feliz cumpleaños” y le llevó chocolates y roles y tamales. Y yo le digo “¿Hija, no le vas a hablar?” y ella “Todavía no pasa el año, mamá”. Hasta pasó el año exactamente le volvió hablar. Así de tajante.

Voy a ser honesta, yo dije, “bueno, mi hija no será lesbiana.” Lo dijo honestamente. Dije “Oye, hija…” Dijo “Oye, no te equivoques mamá, no, a mí me gustan los hombres, si me gustan, de hecho, estoy enamorada de uno, pero él tiene novia. Pero no me gusta cómo actúan con las mujeres.” Ella lo vio con sus tías, porque mis cuñados les golpeaban. Y así… y no le gustó, no le gustó nada.

Yo le decía chaparra o enana, estaba más alta que yo, pero yo le decía chaparra o enana. A todos a flaco y a chino. Pero a ella le decía chaparra o enana. Pero no Fanny. Me enteré de que le decían Fanny hasta después. Si… porque yo nada más chaparra o enana. En la casa le decían Silvia, su papá y sus hermanos. Pero Fanny no. De Fanny la conocían en la escuela, la conocían en otros ámbitos.

¿Qué le gustaba mucho que le hiciera de comer? Te vas a voltear de cabeza cuando te diga. Sabes. Llegaba de la escuela e iba directo a la cocina y pelaba ajos. ajos, ajos, ajos y les ponía limón y sal y órale. Extraño. Le encantaba hacer eso. Pero era lo que, llegando de la escuela, lo primero que quería comer, como dos o tres ajos. Le gustaba mucho. Yo hago sopa de cebolla. Le gustaba la sopa de cebolla también. La de elote, olvídate, cada día pedía la crema de elote. Son de las cosas que me pedía. El volteado de piña. La carne asada. Era de las cosas que le gustaban a ella. Esta raro que una muchachita así… vea. Los chocolates y los elotes, siempre nos peleábamos ella y yo por ellos.

Nosotros nunca fuimos así de mucho dinero, ni mucho menos. Siempre mi esposo intentó de hacer lo posible darles lo que ellos querrían. Pero ella, era la que más lo entendía. Muy coherente en este sentido de no pedir cosas que estaban… Trataba de que fuera una unión familiar. Le importaba más eso, que estuviéramos juntos, que ella peleaba más esas situaciones.

Como pareja hemos tenido broncas mi esposo y yo. Y dura, la más dura, siempre ha sido ella. Una vez que nos separamos por una cuestión de unas faldas. Y fue mi esposo hablar con nosotros, y mis hijos le dijeron “Está bien papá, te perdonamos, ¡pero pórtate bien con mi mamá!” Y no sé qué… Y ella lo veía y nada más se paró y se subió. Y yo dije “¡Ay, Dios!” y subí. Y dijo “No pues, si mis hermanos lo perdonan, que lo perdonen, pero yo no.” Y por eso creo que tuvo esa onda de que no quiero hombre en mi vida. Pues, porque ella veía daño a las mujeres. Y dijo por eso que inseminación artificial. Y digo, me muero, pero bueno, era su decisión también.

Una vez le invitaron a una fiesta. Y me dijo “Me invitaron a una fiesta, pues voy a ir a ver que se siente.” Ay, mi hija… “Pues, que tú me dices que salga, ahora voy a salir, ándale pues hija “Y pues fueron y la llevaron y regresaron a la casa todo correcto. He visto las fotos de esa fiesta. Me da mucha risa, porque no te digo, que bien tímida, bien reservada. No sé, no sé, no sé. No sé… pero desde bebé.

Alguna vez, me sorprendió, tenía como 9 o 10 años y yo estaba dando clases acá en la escuela que está al frente del bosque. Era la encargada de todos los arreglos. Por ser de dibujo. Yo creo que por eso ella dibujaba. Y me encargaba de los arreglos del día de la madre, de aquello, del otro. Y ese día, el día de la madre, ya había hecho el arreglo, y ahora a darle a los padres de familia los refrescos y que esto y que lo otro, no. Y andaba yo, y andaba ella conmigo en la escuela y luego… “Aquí hay una niña que le quiere cantar a su mamá que allá anda toda atareada” Y yo andaba y ni siquiera me di cuenta y al rato oigo la vocecilla de ella. Y yo dije “¡es Silvia!” por lo tímida, por eso me sorprendió. Pero era el día de la madre y ya me asombró, me hizo llorar la mugrosa, porque se puso a cantar, se le olvidó toda la canción, pero toda la gente estaba… o sea a todo el mundo le dio gracia. Y ella con el mariachi cantando. Y ay, la adoré, la adoré.

Ella hacia cosas especiales. Teníamos una conexión ella y yo, muy grande. Y ella trataba de sorprenderme siempre. Un día estaba yo lavando. Y ella dice

–Mamá.

–¿Qué?

–¿Ya lo viste?

–¿Qué, hija?

–¿No lo ves?

–Ay, hija, estoy lavando.

–Pero está enfrente de ti.

–Ay, pues, pero estoy en el lavadero.

–¡Ay, Mamá! – Mientras que el otro, el chico Michelle, jajajajaja, de la risa.

–¿Qué traen?

–Mamá –decía Michelle –¡Voltea Mamá

–¿Pero a dónde?

Con una cuerda bajó una cajita de regalo. Y yo no la veía. La tenía aquí. Y yo volteaba y yo no veo nada. Y era un anillo. Era muy detallista, mucho, muy detallista, muy amorosa, protectora. Pues es la característica que yo vi en ella, yo digo en detalles, detalles enormes que tenía. Y llamaba mucho la atención. Yo estuve trabajando de cajera en un autolavado. Y me iba a la escuela en la mañana y en la tarde me iba a trabajar en el cajero. Y luego iban los tres conmigo. “Faltan secadores ¿le entran?” No, mal, pues todos los señores que iban a lavar los carros, olvídate. Que eran… que no sé qué, la señorita. Y ahí estaban los hermanos. Había uno de Chilchota que siempre la pedía a ella. Pagaba un lavado, el más caro del entonces, era de 80 pesos. Pagaba el lavado de 80 y le daba 200 de propina. Y todos querían secar con ella porque las propinas se las compartía. Pero no creía. Era humilde, le gustaba ayudar, proteger. Pero no, no tenía malicia. Si supieran que agarraba las cajetillas del papá y las rompía todas.

Definitivamente tenía una niña sana. Me dicen las muchachas, sus compañeras, es que era la mensita del grupo. Yo, porque le dicen mensita. Y me dijeron “Es que le contábamos chistes y no las entendía y teníamos que explicarle el chiste.” Y yo “como son malas.” y me decían “Es que no tenía malicia, señora.” Pues no la tenía porque no salía. Nomás estaba allá conmigo escuchando música. Jugábamos, nos divertíamos. Éramos mucho, mucho, demasiado unidas ella y yo. De las cosas que yo puedo decir, que estoy tranquila, es que todo el tiempo le decía que la amaba y estoy tranquila con eso. Es especial, simplemente es especial. Es un buen ser humano.

Silvia Stephanie Sánchez-Viesca Ortiz fue desaparecida el 5 de noviembre 2004 en Torreón, Coahuila

Carta de Silvia Élida Ortiz Solís a au hija Silvia Stephanie Sánchez-Viesca Ortiz

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Un comentario en “Silvia Stephanie Sánchez-Viesca Ortiz

  1. Pingback: Carta a Silvia Élida Ortiz Solís de Cristian Neri y Joan Daniel – Memoria de un corazón ausente

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