Diego Alonso y David Basilio Díaz Pérez

40388884_1557844357694116_2761319536425697280_nDiego es mi hijo mayor él tiene 31 años y David es el menor ahora tiene 26 años. Son hermanos de José Francisco y Sarah. Ellos tienen cinco años de diferencia, Diego es del 8 de junio de 1986 y David del 8 de diciembre de 1991.

Diego Alonso le debe su nombre a un médico de Monterrey que lo estaba atendiendo por un problema con los pies. Y David Basilio es por el rey David y el Basilio por un amigo muy allegado de la familia que nos ayudó en todos los momentos que lo necesitamos. 

Diego nació cuando yo tenía 27 años, ya estaba grandecita, después de José Francisco y de Sarah decidí operarme, pero salió David, aún operada y pues dije Dios me lo quiso mandar y pues lo recibimos igual. Han sido mi mayor felicidad. Cuando me enteré que estaba embarazada pues estaba bien gustosa porque yo quería tener un hijo, algo que fuera mío, que yo lo pudiera cuidar, lo pudiera educar, porque fui la mayor de ocho hermanos y pues estuvimos solos de papá, y decía yo voy a tener un hijo para mi solita y lo voy a cuidar, y le voy a dar todo el amor que pueda haber.

Mis hijos eran toda mi vida …

Ellos estaban estudiando y tenían buenas calificaciones. Yo estaba trabajando casi siempre para poderlos mantener porque pues no tuve una pareja y tuvimos que salir adelante. Siempre llegando del trabajo nos poníamos a ver cómo iban en la escuela, a hacer sus tareas, ver qué había para mañana y a preparar la ropa, la cena, entonces así fue.

Diego Alonso inició la profesional, pero salió con que se iba a casar y pues ya no pudo seguir el estudio. Estaba estudiando mecatrónica, estaba en el tecnológico de la región carbonífera. Ya después estuvo trabajando en unas compañías de ahí de Sabinas después y después ya decidió entrar al seguro porque yo trabajaba en el seguro, en el IMSS, y él quiso pues seguir esa misma línea y pues dijo “como ya que me casé tengo que trabajar para mantener a mi familia”.

Él tenía muchas ganas de salir adelante, un día me dijo “voy a descansar un año” pero después, al siguiente año, me pidió apoyo para seguir estudiando, pero como entró al Seguro y ahí lo estuvieron cambiando a diferentes unidades un día pidió su cambio a Piedras Negras porque decidió seguir la carrera de medicina. Y en este entonces pues me dijo “¿me apoyas jefa?” Le dije: “Claro que sí, mi hijo. Pues mientras sea para estudio ya saben que sí.” Y pues así lo hicimos. Se vino para acá. Aplicó, hizo su solicitud para entrar a la escuela. Lo intentó una, dos veces, hasta la tercera lo aceptaron, pero cuando me avisaron él ya no estaba aquí. Estuvieron hablando de la escuela de medicina y dijeron “le estamos hablando a Diego Alonso y no contesta ¿no dejó otro teléfono alterno verdad?” y les digo “no, pues él ya no está”.

Era intendente, pero sus ganas de superarse eran muchas. Un doctor le había contado todo de la carrera y pues él se animó, él decidió seguir ese camino. Él quería ser médico. Aunque de niño le gustaban mucho las computadoras, las cosas de ciencias y así, las cosas de inventos y esas cosas entonces luego ya me sorprendí cuando salió que me dijo que quería… pero más que nada fue yo creo como interactuaba mucho ahí en las salas de operaciones y eso pues le empezó a gustar.

Tenía 17 años cuando se casó. Eran jóvenes todavía, él y la muchacha. Él iba a cumplir 18 y ella iba a cumplir como 16. Primero vivieron en Sabinas con sus suegros, pero cuando se mudaron a Piedras Negras pues vivíamos juntos y yo le cuidaba la niña porque ellos iban a empezar, ella a trabajar y él a estudiar.

Diego estaba bien contento cuando supo que sería papá. Luego, luego me dijo “ya vas a ser abuelita, mamá”. Le dije “Ay pues, que bueno, mi hijo, porque ya… ya con eso ya te vas a aplicar más a querer seguir estudiando porque, digo, tener hijos implica tener responsabilidad.” Por eso él dijo “Sí, ya nomás que me den el cambio”, dijo. “Ojalá que me lo den para empezar a estudiar.” Él traía muchas ganas de… y decía “Pues si no la hago en lo de medicina me meto en enfermería mientras”… pues no, se cortó eso.

Tenía muchas ganas de verla crecer. Quería darle todo el estudio que se pudiera, que siguiera adelante, que fuera una profesional. Qué cumpliera sus 15 años y que le iba a apoyar en todo lo que fuera. Uno siempre es así con sus hijos, quiere lo mejor para ellos. Siempre decía “¿Y si no puedo, jefa, me ayudas?” y le decía “claro, mi hijo, mientras Dios nos dé vida y salud yo les apoyo con lo que yo pueda.” Porque él siempre contaba conmigo para cualquier cosa. Si iba a comprar un carro me decía sus planes. Si iba a comprar un mueble, lo que fuera, siempre me andaba pidiendo opinión para… “¿cómo ves, jefa?” le digo “no mi hijo, pues para que puedan vivir adecuadamente con que no le falte nada a la niña.”

Se desvivía para comprarle todo a su hija. Cuando iba a entrar al kínder estaba al pendiente de que no le faltara nada y quería que llevara todo lo necesario. La llevaba todos los días al kínder porque él entraba en la tarde. La llevaba y la recogía y se iba al trabajo. Me dice “mamá es que ya empezamos a trabajar, te va tocar a ti llevarla y traerla”. Para eso vine, a echarle la mano.

Le gustaba mucho la música. Él siempre andaba haciendo sus trabajos con música, cuando iba manejando llevaba su música, y le gustaba de todo. No tenía preferencia. Le gustaba hasta mi música. Decía “Estas son las rolas de mi jefa.” Porque las antigüitas le gustaban, porque me pedía mis canciones. “Préstame tus canciones, jefa.” Y le decía “estas son las canciones de tu abuelita.” Le gustaban las rancheras, las románticas, las de Liberación, que eras las que más me gustaban a mí, las de Los Ángeles Azules porque le gustaban a su tía Raquel, en inglés, de rap, se ponían a bailar con su hija. Le decía loco porque andaban bailando como loquillos, ahí le digo “cómo estás enseñando estas canciones a tu hija.”

Era muy divertido. Era muy contento. Casi nunca lo vería agüitado. Y pues así se la pasaba. Era fiestero. Si le gustaba juntarse con los amigos ahí en la casa a hacer guisos, carnes asadas mientras platicaban. O sea le gustaba la convivencia. Y les decía a sus hermanos para que vinieran a pasársela ahí con ellos.

Se llevaba muy bien con sus hermanos, con todos. Con el de en medio, que es Paquito, me dice: “porque lo hiciste tan enojón, mama?”. Es que es más serio, pero ellos decían “como quiera lo queremos al Paco”. Le decían ‘el gruñón’. Es el gruñón y el enojón, pero él no era muy contento. Era más serio. Pero ellos sí. Y Anita, también de las del medio, siempre andaba metiendo paz entre ellos porque se discutían. Pero sí se divertían y se llevaban bien entre todos como quiera.

Sus platillos favoritos eran los chiles rellenos, las enchiladas, las albóndigas. Siempre me pedía que le hiciera estos platillos.

Quería comprar la casa ahí donde estaban rentándola, quería hacer modificaciones, él me había dicho “le voy a hacer aquí, y hacer allá” Ya incluso había hablado con el dueño de la casa que le iba a dar en diciembre tanto dinero y luego por partes el resto. Ya tenía como un contrato hablado con él. Y pues todo eso se detuvo.

David es el último, el menor de mis hijos.

“¿Oiga doctor me operó o no me operó? ya estoy embarazada de nuevo, no hay marcha atrás, pero yo quiero que me explique.” Eso fui y le dije al doctor que me había operado. Pero pues me dio mucho gusto de estar embarazada de nuevo. El médico me explicó que muchas veces hay óvulos que se quedan volando y ahí cayó David. Al momento que me dijeron que era un niño pues me dio gusto y ya era otro niño.

David nada más estudió hasta la secundaria. Ya no pudo seguir la preparatoria porque él traía la idea de que quería irse para Estados Unidos. Ir a trabajar, hacer un dinero y regresarse. Ya cuando se fue para allá tenía unos 19 años y estuvo trabajando y le fue muy bien, ya no se quiso regresar. Nada más terminó la secundaría y se fue.

Todas mis hermanas están en Estados Unidos y ellas me apoyaron para acogerlo allá. Entonces él ya estando allá conoció a una muchacha, se casó, tenía casi 20 años, tuvieron una niña, y pues como todo, no le funcionó el matrimonio y se tuvo que separar. Pero él era un papá bien cariñoso, bien amoroso, nomás que, pues la vida de allá es más avanzada, más rápida, entonces tienen otros pensamientos las muchachas de por allá y él iba criado con principios de acá. Entonces no se llevaron bien. Se tuvieron que separar. Fue cuando él se regresó, pero era porque la muchacha ya no le dejaba ver a la niña, y pues él sufrió mucho. Decía “no puedo estar aquí y no verla”.

Él me dijo “Me voy a ir para México a seguir chambeando para estarle mandando a mi hija”

Como a los 22 fue cuando él se separó y decidió venirse para acá. Tenía relativamente… en agosto del 2014 llegó…

Se fue a Sabinas y luego en Sabinas pensó poner lo de su profesión que hacía, la peluquería, duró varios meses ahí en Sabinas y en noviembre se vino para acá para Piedras porque querían poner una barbería-peluquería aquí en Piedras Negras. Entonces andaban haciendo todas las actividades, entre ellos dos, quería hacerlo en conjunto con Diego, hacer la barbería, la peluquería, y poner un ciber dentro de la barbería. Para eso le hicieron llamamiento a su hermano del medio, a Paco, pero como él tenía su trabajo ahí en Sabinas no decidía si venía o no, pero mientras ellos andaban haciendo arreglos y contrataron el local, andaban comprando los enseres para la peluquería.

Antes de eso él empezó a trabajar en una barbería, por aquí en Piedras Negras, por la V. Carranza, por ahí había unas peluquerías, pero él quería independizarse porque tan luego que llegó empezó a tener mucha clientela, hacían fila para que les cortara el cabello porque pues traía buenas técnicas que aprendió en Estados Unidos. Entonces decía el peluquero de ahí “no pues, este muchachito llegó y llegó pegando, ya incluso les decían a los demás peluqueros ‘no, me espero que acabe el muchacho’ porque preferían cortárselo con David. Y los otros peluqueros pues a veces no tenían trabajo y ellos esperando turno para que él les cortara, les gustaba como les hacía el trabajo.” Entonces pues esa era la idea de poner un negocio independiente.

Cuando era pequeño le gustaban los caballos, le gustaba el ejercicio, siempre le gustaba mucho el ejercicio, era adicto al ejercicio, se acostaba y se levantaba haciendo ejercicio. También traía el plan de que quería ser entrenador o manager de algún tipo de ejercicio. Él tenía su complexión muy marcada, hacia demasiado ejercicio, y a veces le decía “ay mi hijo, es mucho ejercicio, descansa” “no, es que tengo que marcar los cuadritos” Incluso me decía: “Si se te descompone la lavadora aquí puedo lavar.” Le decía “ay, estás loco” y así, como cositas de estas… Pero traía muchas ganas de salir adelante. No se conformaba con… quería tener más, saber más, tener una vida mejor.

A David le gustaban mucho los tacos de asado, le gustaba el menudo, el pozole, los taquitos de arrachera. Era muy carnívoro, mi hijo. Le gustaba mucho eso.

A él le gustaba más la música de bandas, rancheras, y las románticas también le llamaban la atención, pero le gustaba más de bandas, rancheras, zapateadas. Le gustaba mucho el baile. Él mucho bailaba y a cada ratito oía una canción se ponía a bailar conmigo “órale, para que sacuda la polilla” me decía. Como quiera me hacía que bailaba. Eran muy alegres. Alegres, bromistas. David si era un poquito enojón, pero en cuanto a que si no le salían las cosas en la vida se enojaba y trataba de esmerarse a hacer algo mejor. Pero si a veces se ponía serio.

Cuando llegó a México si consiguió una novia, pero la novia ya tenía familia y aún con eso se juntó con ella a los pocos días que anduvo por acá. La muchacha se la trajo de allá de Sabinas y aquí estuvieron viviendo sus últimos días. Cómo la muchacha tenía una niña yo sentía que desbocaba su amor de padre en esa niña porque lo vería más como papá él que su hija. Si la regañaban, él enojaba y decía “no le regañes, ella está chiquita” y así. Él desbocaba su amor de padre en ella. Y la niña pues le decía ‘papá’.

Eran muy bárbaros, muy alegres. Siempre andaban haciendo bromas entre ellos mismos. Se decían chascarrillos, le sacaban mucho la garra a su hermano Paco por enojón. Siempre le decían que era el gruñón, que estaba amargado, pero era por su carácter más serio. Ellos estaban muy alegres y él no aguantaba las bromas que le hacían los muchachos. No iban de acuerdo. Son tantas cosas las que se me vienen a la mente.

Diego Alonso y David Basilio Díaz Pérez fueron desaparecidos el 8 de diciembre de 2014 en Piedras Negras, Coahuila

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