Brenda Melina Zúñiga Vargas

40470648_1557844127694139_4966812481604288512_nRecuerdo lo contenta que me sentí cuando supe que estaba embarazada. De hecho, por eso tuve que casarme: me comí la torta antes del recreo. Pero igual estaba muy emocionada por tener a mi primera hija, esperaba con ilusión el día que ella naciera. No supe si sería niña o niño, porque no quise hacerme ninguna ecografía. Preferí esperar, que fuera una sorpresa; lo que viniera, sería bienvenido. Lo importante es que nazcan sanos, ¿verdad?

Y así fue: Brenda nació el 22 de noviembre de 1963, en Piedras Negras, Coahuila. Después me enteré de que fue el mismo día que mataron al presidente John F. Kennedy. Tenerla entre mis brazos por primera vez me dio una gran alegría. Pensaba: “¡Dios mío, qué maravillosa es!”. Me acuerdo que cuando estaba chiquilla veía que cuando los bebés nacían parecía que no abrían los ojos al momento, sino hasta después de unos días; pero ella, mi hija, los abrió luego, luego, y se me quedaba viendo. ¡Cuánta felicidad me dio tenerla!.  

Su nombre se lo puso mi marido… en una de esas, a lo mejor fue por una exnovia. A mí me gustaba Melina, así que también se lo pusimos: Brenda Melina. Nació muy chiquita…. No recuerdo cuánto pesaba ni lo que midió, pero era chiquitita.

Se puso muy celosa con la llegada de su hermana; al principio, no la quería. Al principio, como era hija única, todo iba a para ella, no tenía que compartirlo, pero cuando llegó su hermana las cosas dejaron de ser así. Mi mamá nos aconsejó darle más atención a Brenda para que no se sintiera desplazada. Siempre le decíamos que la queríamos mucho. Con el tiempo, a pesar de todo, siempre defendió a su hermana.

¡Cuando Brenda iba a la escuela era tremenda! Yo le decía “Mi loquilla”, porque hacía puras locuras. Fue muy valiente y peleonera desde el kínder. Una ocasión me mandaron llamar de la escuela porque le había enterrado la punta de un lápiz a otra niña. Desde aquella vez, pensé que de grande sería tremenda. En la primaria la apodaban “Juana Gallo”, porque era bien peleonera. Eso sí: también era muy noble y compartida. A veces se quedaba sin lunch porque se lo regalaba a una amiguita, o bien me pedía que le pusiera doble para compartirlo. En la secundaria fue igual, tremenda. ¡Se volaba las clases!

Total que, en una de esas, salió embarazada a los 15 años. Brenda se casó con el papá de su primera hija, Brittany Grisel, sin embargo, cuando la niña tenía dos años, mi hija se divorció. Luego conoció a otra persona, y con él tuvo a su segunda hija: Jacqueline. Con ese hombre sólo vivió un tiempo, en el que desafortunadamente sufrió demasiado porque la golpeaba, incluso estando embarazada. Brenda no quiso estar más con él, así que decidió separarse, aunque todavía no se aliviaba. Jacqueline no conoció a aquel hombre, pero dice que mi pareja es su papá: desde chiquita, él la arrullaba y le cantaba canciones todo el día. Las dos niñas sacaron su carácter: la más grande es noble, pero no se deja de nadie, y defiende muchísimo a su hermana chiquita.

Brenda quiso estudiar para ser policía. Tenía un enorme espíritu de servicio. Alguna vez que salimos juntas, fuimos cerca del centro en Piedras Negras; de pronto, ella vio que un muchacho iba corriendo muy asustado. “¡Párate, mami, párate!”, me dijo. Nos detuvimos y trató de auxiliar al muchacho.  Siempre tenía la intención de ayudar a la gente; por eso quería ser policía. Tenía la convicción de que no sería corrupta. Quería estar ahí para la gente cuando lo necesitaran, no para fregarlos.

Conservo la foto de cuando se graduó de la academia de policía. Brenda lloraba de la emoción porque al fin su sueño se haría realidad. No obstante, fue poco el tiempo que ejerció: cerca de año y medio. Una vez fue a buscarme a mi trabajo; iba llorando. Le pregunté qué tenía, y me dijo muy triste que su jefa le había pedido su renuncia. Después me enteré, por una de sus compañeras, que le habían pedido a mi hija que trabajara para las personas esas, y ella se negó.

Su comida favorita era la pizza; si por ella fuera, la hubiera comido todos los días. También le encantaba la comida chatarra: los fritos con mucha salsa Valentina, los gansitos, la Coca Cola. La música rap y la electrónica eran sus preferidas. Cuando descansaba le gustaba poner la música muy fuerte, tanto que a veces parecía que teníamos fiesta en la casa. Ella mientras se ponía a barrer y a trapear.

Al salir del cuartel, se venía para la casa, donde la esperaban sus hijas. Yo le ayudaba a cuidarlas: iba por la mayorcita al kínder y por la más chiquita a la guardería. Su mamá las llevaba a pasear a la Macro Plaza o a comer. Los fines de semana se iba en la noche a la discoteca. Tenía muchas amigas con las que se iba a bailar, y conocía a mucha gente por lo servicial que era. Así le gustaba divertirse.

La verdad es que también le gustaba pelear. Siempre andaba defendiendo a todo mundo. Una vez me contó que en la disco unas muchachas les estaban buscando “peleadita” a ella y a sus amigas. Cuando salieron de la disco, estas muchachas ya las esperaban afuera… ¡y pues que se agarraran a golpes! A Brenda le gustaba usar minifalda cada que salía, pero desde esa vez decidió que cuando fuera la disco llevaría pantalones: “Ya para cuando me di cuenta, ¡traía la falda arriba!”, me contó.

Una vez paró el tráfico en la carretera, porque pasó una mujer y quien sabe cuántas cosas le empezó a decir. Ella salió y agarró a la señora del cabello, o no sé… No me di cuenta, hasta que noté que la fila de carros estaba detenida. Y ahí voy, a ver qué estaba pasando. Mientras avanzaba, la gente me decía que Brenda se estaba peleando con alguien. De pronto la vi a lo lejos, caminando hacia mí. “Es que esta mujer me gritó de cosas y por eso me la agarre…”. Yo le pedí que no se anduviera peleando, pero ella me contestó que no le gustaba que le dijeran de cosas, como había hecho esa señora. Por eso le decía “Mi loquilla”, porque era atrabancada, tenía las pulgas muy encima.

Cuando me dijo que quería ser policía, yo nunca me imaginé que las autoridades estuvieran coludidas con la delincuencia organizada. Me dio mucha felicidad que Brenda quisiera superarse y trabajar. Durante algún tiempo trabajó en un supermercado en el área de jugos y frutas. Cuando me pidió ayuda para entrar a la academia, por supuesto no se la negué. También vendía bolsas y perfumes: iba a comprarlos y después los revendía con sus conocidos. Siempre anda viendo la manera de ganarse su dinero para poder comprarse sus cosas: le encantaban la ropa y los zapatos.

La navidad siempre la pasábamos en mi casa o en la de mi mamá. Organizábamos un intercambio de regalos, y también para preparar la cena y muchos postres. De niña le festejábamos su cumpleaños en la casa con piñata y todo eso; de grande, prefería festejar con sus amigas, aunque nosotros siempre nos poníamos de acuerdo para regalarle un pastel y cantarle las mañanitas.

Con el papá de su segunda hija, vivió en la casa de la abuela de él. Brenda me contaba que la señora le decía de cosas: “Esta viejita ya me tiene hasta la madre”, llegó a contarme. Dice que en una ocasión, su pareja decidió irse de la casa; entonces, Brenda le juntó toda su ropa y la quemó dentro de la casa… una parte del techo se quemó y las paredes quedaron negras. La señora demandó a mi hija, y ahí andaba, juntando para comprar el material y pagar su deuda.

Brenda es aperlada, de ojos rasgaditos color café claro y su cabello es del mismo color. Su nariz es chata y su boca pequeña; los dientes superiores los tiene un poco disparejos… estaba muy bonita, ¿pero qué puedo decir una mamá de su hija? Mi niño más pequeño y Jacqueline se parecen mucho a ella. Las dos niñas me preguntan mucho por su mamá; la más chiquita no recuerda su voz. Brittany se acuerda mucho de una vez que las llevó a comer a un restaurante en Acuña, que está a cuarenta minutos de nuestra casa en Piedras Negras. “Vámonos fuerte, porque tu abuela Yola se va enojar si sabe que nos vinimos hasta acá”.

Brenda hacia muchas locuras. Recuerdo que solía decirle que se parecía a Kate del Castillo, que tenía las cejas iguales a las de ella: muy gruesas y pobladas. Un día, así sin más, decidió quitárselas: de pronto la vi salir del baño ¡sin cejas! “’¡¿Qué te pasó?!”, le pregunté exaltada. “Ya no quiero tenerlas gruesas, así que me las voy a pintar”. Desde entonces se las pintaba delgaditas… no contaba con que en uno de nuestros paseos al río no se podría meter al agua porque se le iban a despintar las “cejas”. La molestaba diciéndole que se metiera a nadar, y ella lo hacía con mucho cuidado de no mojarse la cara. Otro día, de la nada, llegó corriendo y le pregunté asustada qué le había pasado. “¡¡Se me subieron las hormigas y me están picando!!”, me contestó y enseguida comenzó a quitarse la ropa: el pantalón, la blusa, todo lleno de hormigas.

Se molestaba cuando le pedía que lavara los platos, tanto que lo hacía de mala gana. Más de una vez me llegó a romper un vaso o un plato… Aunque las veces que quería salir, se levantaba temprano a lavar, a barrer, a trapear y a arreglar los muebles. Entrada la tarde me decía: “¿Me dejas salir? Ya recogí, ya limpié…”. Tengo muy bonitos recuerdos de ella, de todas sus locuras.

Brenda Melina Zúñiga Vargas fue desaparecida en Piedras Negras, Coahuila, el 21 de junio de 2010, víctima de sujetos desconocidos.

 

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