Antonio Verástegui González

40390605_1557843921027493_4517332802479325184_n

Estaba muy contenta por el nacimiento de mi cuarto hijo, Antonio; tuve doce en total. Él nació el 10 de diciembre de 1957, en Boquillas del Refugio en el Municipio de Parras, Coahuila.

Mi hijo estudió hasta cuarto de primaria, y no lo hizo más porque en el ejido las clases llegaban hasta ahí. En aquel tiempo éramos pobres y no teníamos para mandarlo a estudiar a otra parte. Se dedicó a trabajar en la tienda de su papá, porque donde vivíamos era todo lo que había. 

La relación con sus hermanos y hermanas era muy buena, como la que tienen los niños a esa edad. Entre todos se querían mucho, además de que no habían muchos años de diferencia entre ellos. Fueron muy unidos, desde chiquitos hasta jóvenes.

A los 14 años comenzó a jugar béisbol en un equipo. Le apasionó ese deporte; tanto que incluso su hijo, Antonio de Jesús, siguió sus pasos, y disfrutaba estar en el campo tal y como su papá. A Antonio le encantaban la fiestas, aunque su carácter era muy seco. Cuando jóvenes, él y sus hermanos siempre hacían parranda; la norteña era su música. Quizá todo esto lo sacó de la familia: siempre había motivo para festejar, se tratara de algún cumpleaños, de Navidad o día último. Todas esas fiestas eran muy sonadas.

Poco a poco, logramos tener más dinero. Él tenía su caballo y le gustaba llevarlo y traerlo a todas partes. Después, cuando se casó, compró una camioneta, pero siempre tuvo aprecio por el campo. Fue agricultor: a los 23 años decidió irse a la pisca en Estados Unidos junto con unos amigos; ahí trabajó un año. Al volver y comenzar a ganar su dinero, se hizo de unas tierras para trabajarlas y poner una parcela donde tener a sus animales.

Antonio vivió con nosotros hasta que se casó, que fue a los 26 años. Previamente, estuvo trabajando para hacer los pozos de los que sacan el gas natural; también anduvo en una fábrica; y después en DICONSA-San Lorenzo. Allí fue donde conoció a su esposa, Manuela.

Cuando decidió casarse, nos dijo a mi señor y  a mí que fuéramos a pedir la novia por él. En aquel tiempo así se usaba, por lo que un mes antes de casarse, fuimos a pedir la mano de la muchacha. El 24 de diciembre de 1983, Antonio y Manuela se casaron en la Hacienda de San Lorenzo.

Ya casado vivió en Parras, pues ahí se encontraba DICONSA, donde seguía trabajando. Con el tiempo y sus ahorros, puso una tienda. Mientras él se iba, su esposa se quedaba en casa y atendía la tienda. Allí vivieron todo el tiempo.

Tuvieron cuatro hijos: Erika, Karla Marisol, Antonio de Jesús, y César Alejandro. Erika fue la primera: Antonio estaba muy contento, la quería mucho, e hizo todo por darles lo mejor. A ella la ayudó para que estudiara, hasta que se graduó de profesora. Y lo mismo con los demás: los apoyó para que estudiaran y procuró que no les hiciera falta nada.

Nuestra familia es muy unida. Mi casa es a donde siempre llegan todos. Él venía casi a diario a ver cómo estaba. Buscaba mucho a sus hermanos; nuca se abandonaron y, aunque en ocasiones podían tener diferencias, sabía que siempre estarían para ayudarse… así los crie.

Sobre Antonio sólo puedo contar lo que sé, pero no puedo decir cómo era su vida en familia. No sé exactamente cómo era, porque dejé de vivir con él tan pronto se casó y comenzó a tener hijos. Eso sí: yo siempre lo veía con su esposa y los niños. Él me visitaba y me procuraba, pero evité ser entrometida.

Luego de casarse, siguió trabajando un tiempo más en DICONSA, aunque después se dedicó completamente a la tienda, a sus tierras, a sus animales, y a jugar béisbol (su vicio). En algún lugar deben estar las fotos de todos los campeonatos que ganó.

Era de carácter fuerte, pero alegre. Creo que salió muy similar a su papá en ese aspecto, y físicamente tenía muchas facciones de mi mamá. Le gustaba el buen comer: cabritos y puercos, a los cuales criaba y mataba él mismo. Una parte del animal la vendía, y con la otra hacía de comer para invitarnos a todos.

Cuando falleció su papá, lo sintió mucho. Lo echó de menos, porque eran muy unidos; siempre estaba con su papá. Pese a que nosotros vivíamos en el rancho, Antonio venía a vernos. Era muy buen hijo, muy cariñoso, una buena persona… ¿pero qué puedo decir yo? Era mi hijo. Sus hermanos y hermanas lo buscaban y él siempre respondía; a mí nunca me abandonó, ni en los 24 de diciembre, que venía aquí, con nosotros, con todos.

Cada que sus hijos cumplían años hacían una pachanga e íbamos todos, porque nos invitaba a comer. Sus muchachas cumplieron 15 años e hicieron fiesta, mucha. Antonio salió adelante con su familia, cuidaba su rancho, lo hizo crecer, e incluso plantó nogales.

Así nos la pasábamos: llenos de celebraciones, comiendo la carne de los animales que criaba, tamales, buñuelos. La casa se llenaba de gente, de familia, porque todo sucedía aquí.

Y no quiero decir que se acabó… pero sí, casi todo, porque ya nada volvió a ser igual. Su familia se distanció de nosotros, y aunque se supone que el recuerdo es lo único que nos queda ya casi ni eso porque las cosas se me están olvidando.

Antonio Verástegui González fue desaparecido junto con su hijo, Antonio de Jesús Verástegui Escobedo, el 24 de enero de 2009 en Parras, Coahuila, víctima de sujetos desconocidos.

Ver: Carta de Guadalupe González Escobar a su hijo Antonio Verástegui González

Un comentario en “Antonio Verástegui González

  1. Pingback: Diez años en los que la incertidumbre se hizo costumbre – Breves apuntes

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s